«La necesidad de hablar del suicidio», aporte del grupo «Ayúdame a crecer»

Hablar del suicidio es una necesidad, porque es el primer paso para sensibilizar a la población.

El silencio que envuelve este problema de salud pública y privada, primera causa de muerte no violenta hasta el punto de triplicar el número de víctimas fallecidas en accidentes de tráfico, ha permitido que se acumulen estigmas y mitos que agravan el dolor de las familias y la soledad de quienes barajan la posibilidad de quitarse la vida.

Los suicidas no quieren morir, sino dejar de sufrir, la persona siente que va descendiendo escalones cada vez más oscuros. Al principio le gustaría morir pero no quiere matarse. Le llegan pensamientos, como fogonazos. Por ejemplo, que no importaría no despertar mañana. Luego cualquier detalle, aunque sea mínimo, hace que tome la decisión.
Aunque cada suicidio esconde motivaciones diferentes, algunos factores comunes de riesgo detectados son la soledad y la desesperación que suponen dos constantes: No encuentran solución a sus problemas ni razones para seguir viviendo, pero si retiras la desesperanza suele desaparecer la idea del suicidio.

Las personas con ideas suicidas no quieren morir, sino dejar de sufrir. En plena hiperconexión, la soledad es un factor de riesgo, sobre todo entre jóvenes y ancianos.

En contra de la creencia general, los suicidas suelen lanzar avisos de lo que planean hacer. Y no: quien pretende matarse no siempre lo consigue. Extendidos como una telaraña cruel, los mitos obstaculizan la comprensión de un problema complejo y multicausal con aristas sociales, psíquicas, familiares y emocionales. El mejor antídoto ante el suicidio es sacarlo del silencio.

Casos entre adolescentes hay alerta también de un repunte de los casos detectados entre adolescentes. Suelen ser vulnerables. Aunque la soledad es un factor de riesgo generalmente asociado a las personas mayores, cada vez más jóvenes se sienten solos. Paradójicamente, en la era de la hiperconexión, el aislamiento se ha convertido en uno de los grandes peligros de nuestra sociedad. El acoso, las burlas publicadas en redes sociales y la falta de ‘likes’ pueden minar la moral de los adolescentes: La autoestima es una barrera de protección muy importante ante las depresiones o los pensamientos suicidas.

Pertenecer a una minoría dispara igualmente el riesgo de desarrollar conductas autolesivas.

El peor mito es que no puede prevenirse. Igual que han funcionado las campañas de sensibilización para disminuir los accidentes de tráfico o la violencia hay que elaborar estrategias conjuntas para reducir los suicidios.

El dolor que no habla gime en el corazón hasta que lo rompe.

La montaña de falsas creencias bajo la que hemos ocultado el suicidio durante siglos aumenta el dolor de los familiares, ya de por sí agravado por la culpa, que se manifiesta de forma sutil o apabullante, pesada como una losa en cualquier caso. A menudo piensan que pudieron hacer más por evitarlo. Se preguntan por qué no pensaron en ellos. Para ellos es todo o nada, blanco o negro. Creen que la única solución posible a su estado es quitarse de en medio.

Velo de silencio

También los medios de comunicación han contribuido a crear un velo de silencio. Este efecto tiene más incidencia entre la población.
El suicidio es a menudo la solución permanente a un problema pasajero. Cuando estamos deprimidos tenemos una visión poco objetiva de las cosas, hay una gran necesidad de elaborar un plan nacional de prevención y desterrar los estigmas que continúan llastrando la posibilidad de hablar abiertamente sobre la salud mental.

DESMONTANDO LOS MITOS SOBRE EL SUICIDIO

1-Quien quiere suicidarse no lo cuenta ni avisa
Es uno de los mitos más peligrosos porque minimiza la importancia de las peticiones de ayuda. Algunos manifestaron claramente sus propósitos y otros dejaron entrever la intención de acabar con su vida. Resulta fundamental, por tanto, prestar atención a estos avisos.

2-Quien intenta suicidarse está llamando la atención
A menudo las amenazas suicidas son consideradas chantajes o manipulaciones emocionales, pero lo cierto es que, en su mayoría, son peticiones de auxilio. Las personas que padecen pensamientos suicidas son ambivalentes; no están seguras de querer morir. No quieren morir, sino dejar de sufrir. En caso de lograr descargar la sensación de desesperanza, la mayoría opta por seguir viviendo. Esa ambivalencia explica también que haya un número tan elevado de intentos de suicidio que no llegan a consumarse. Haberlo intentado es, precisamente, el mayor factor de riesgo.

3-No debe hablarse del suicidio
El suicidio se ha convertido en un problema de salud pública y privada, y ya es la primera causa de muerte no natural en nuestro país. Resulta necesario derribar el muro de silencio y falsas creencias que hemos construido, explicar que se trata de un problema complejo que puede prevenirse e informar con responsabilidad.

4-Todos los suicidas tienen un trastorno mental
El diez por ciento de la población ha tenido pensamientos suicidas alguna vez. Aunque las patologías psiquiátricas disparan el riesgo de suicidio, no todas las personas que barajan esta idea tienen un trastorno mental. Pensar en quitarse la vida resulta más habitual de lo que creemos.

5-Las personas con ideas suicidas son peligrosas
Es otro mito peligroso, porque puede generar miedo a acompañar o tratar a estas personas, que suelen necesitar ser escuchadas y sentirse arropadas por otros.

6-Suicidarse es un acto de cobardía y egoísmo
Juzgar el suicidio, ya sea de una forma negativa, considerándolo un acto de cobardía o egoísmo, o de forma positiva, glorificando a las víctimas, supone un error habitual. Las personas que atraviesan crisis suicidas requieren comprensión y ayuda, libran una batalla interior y generalmente han perdido la esperanza. Se hace necesario reforzar los factores de protección, como la autoestima o la red social, y reducir los factores de riesgo, como la soledad o los cuadros depresivos.

7-El suicidio no puede prevenirse
Hablar de la salud mental, normalizar las ideas suicidas como síntomas de un cuadro depresivo y reforzar las conductas y los factores de protección, como el bienestar emocional o la autoestima, reducen el número de suicidios.

8-No hay colectivos más vulnerables que otros
Pertenecer a una minoría dispara el riesgo de desarrollar conductas autolesivas. El acoso estudiantil y el aislamiento han aumentado el número de adolescentes y jóvenes con pensamientos suicidas. El mejor antídoto ante el suicidio es sacarlo del silencio para reconocer que es un problema de salud pública. Ayúdame a crecer esta en Paysandu

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