FANCAP denuncia “jaque técnico” de la planta de portland de Paysandú y reclama montaje del “horno 3”; aseguran que la fábrica podría ganar unos 15 millones de dólares al año

Desde Federación Ancap (FANCAP) denuncian que las autoridades del ente, por acción u omisión,  han llevado a la planta de portland de Paysandú a una situación de “jaque técnico, un sistema de asfixia” que limita las posibilidades de producción con el propósito de seguir debilitando la industria cementera estatal, y en particular la fábrica instalada en el extremo norte de la capital sanducera. Los trabajadores hablan de un deliberado proceso de “desmantelamiento” que terminaría habilitando y fundamentando decisiones extremas como la privatización o al cierre “sin que tengan que pagar los costos políticos por esa decisión”.  Recuerdan que hace dos décadas, también con un gobierno herrerista como contexto político, se intensificó un proceso similar en torno a la industria azucarera de ANCAP y que terminó con el cierre del ingenio azucarero “El Espinillar”, en el departamento de Salto.

Se precisan manos 

“Nos dejan sin poder trabajar”, afirmó el dirigente Eduardo Zabala reconociendo que el panorama de la planta se hace cada vez más complejo por el desgaste del equipamiento y la falta de mano de obra. “Estamos sufriendo el desmantelamiento de la planta por la restricción de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) que no permite el ingreso de nuevo personal”, explicó.  Según FANCAP,  la contratación de funcionarios no sería determinante en el incremento del déficit “porque la incidencia de los sueldos en  todo ANCAP es el 2% de las pérdidas” mientras que la ampliación de los recursos humanos favorecería la producción en una planta “que en el último año logró que su déficit tienda a cero”, informó.  “Hay planillas que no están completas, hay lugares que deben tener cuatro planillas para funcionar y ahora funcionen sólo con tres. Es la misma gente que sigue trabajando sin descanso en varias áreas”, graficó Zabala. 

El polémico “horno 3”

Existe conceso en que el desgaste de la infraestructura y el atraso tecnológico son los principales problemas que enfrenta la planta sanducera y que la instalación y puesta en funcionamiento del llamado “horno 3” la haría “competitiva”. La compra de ese equipamiento demandó una inversión de unos 80 millones de dólares y se necesitan otros 120 millones de dólares para la instalación. Sin embargo, llamativamente, el mismo gobierno que hizo la compra no habilitó la inversión para que se haga operativo. Según cuentan desde la propia interna frenteamplista, fue el entonces ministro de Economía, Danilo Astori, quien no autorizó la inversión, imponiéndose a la voluntad del entonces presidente del país, José Mujica, y a las aspiraciones del principal de ANCAP, Raúl Sendic. Desde hace casi una década el horno descansa desarmado en unos 180 contenedores en la misma planta cementera. FANCAP reconoció que se han extraído algunas piezas para “remendar” la fábrica que funciona desde hace más de una década sin el mantenimiento adecuado. No obstante aseguran que esas partes se podrían seguir usando o se conseguirían fácilmente en el mercado, si es que en algún momento se instala el horno. 

Las estimaciones del gremio establecen que el montaje del horno ocuparía “unas mil personas durante dos años lo que le vendría muy bien a la muy golpeada economía sanducera” y garantizaría un incremento notorio del volumen de producción con una considerable reducción de costos operativos.

El que se niega a “escupir el asado”

No obstante ese escenario implicaría otro desempeño comercial de ANCAP, que debería ser bastante más “ofensivo”, para colocar su mercadería que según los trabajadores tiene una muy fuerte demanda. “La gente prefiere el portland ANCAP porque sabe que es el mejor y también porque hay un sentimiento de pertenencia”, aseguran y cuenta que en las condiciones actuales “muchas veces nos quedamos sin stock”.  Sin embargo el aspecto comercial pareciera de abordaje complejo; en breve incursionará en el mercado interno una nueva fábrica con capacidad de producir el equivalente al consumo anual de portland de todo el país mientras que no se percibe voluntad política para intentar vender en países vecinos, por ejemplo en Argentina. Consultado al respecto, el presidente del ente, Alejandro Stipanicic, dijo que no consideraba intentar colocar productos en el vecino país “para no escupirle el asado a los argentinos”.

Panorama incierto

Las autoridades de la empresa, y en particular el presidente del directorio,  evidencian un enfoque poco auspicioso para el futuro de la producción estatal del cemento, especialmente para la planta de Paysandú cuyos números son menos favorables que los de la fábrica de Minas. Pero el “fantasma” de la privatización o del cierre no resulta una novedad para los trabajadores. “La Federación Ancap fue la principal crítica de la gestión del Frente Amplio y en particular de Marta Jara que cuando fue presidente de la empresa, en 2016, estuvo a punto de cerrar la planta, lo mismo que pasó hace poco tiempo atrás, a mediados del año pasado”, aclara Zabala. Asegura que la organización de los trabajadores siempre enfrentó esas definiciones de las más diversas maneras y reconoce que en el quinquenio pasado “se impuso la voz de la entonces ministra de industria, Carolina Cosse, en la línea de no cerrar la planta”.

“Desde 2015 venimos poniendo en la agenda política este tema, hemos hablado con todo el espectro político, con todo el que tenga algo que ver pero no hemos tenido la respuesta necesaria”, lamentó Zabala y anunció que la organización seguirá trabajando en procura de asegurar la permanencia de la producción del cemento en la órbita estatal: “de todas formas hay que seguir insistiendo”.

El “horno 3” aseguraría competitividad

El dirigente Sebastián Pinna informó que como resultado de un espacio de elaboración de propuestas “en el que participamos los trabajadores y técnicos de ANCAP”  surgió un proyecto que, en base a datos con rigor científico, asegura que la instalación del “horno 3” garantizaría un nivel de producción tal que la planta de Paysandú dejaría una ganancia anual de unos 15 millones de dólares. Piden que el Estado habilite la inversión para el montaje del equipo y aseguran que “en 20 años se recupera la plata”. Según los militantes, la contundencia de ese informe al que llaman “cuarto escenario” ha sido determinante “para que se dilaten algunas decisiones” que parecían inminentes “porque ahí queda demostrado que la planta es viable”.

Formalmente, y hasta el momento, el gremio no tiene información respecto al eventual interés de privados para invertir y gestionar la planta pero entienden que de abrirse un proceso de privatización aparecerán ofertas “porque el negocio es rentable y, sobre todo, están las calizas que tienen un valor muchas veces mayor que la inversión que se necesita para instalar el horno y que debemos cuidar para que sigan siendo del Estado, no las podemos entregar. ¿Si un privado podría sacarle rédito a la planta por qué no lo hace el Estado, por qué no aprovecha la riqueza?”, preguntó Pina.

Zabala descartó enfáticamente que FANCAP avale cualquier idea que implique que el Estado deje de producir portland y aseguró que “los trascendidos que aparecieron en ese sentido son puro bolazo”.

Eduardo Zabala y Sebastián Pinna en «La Tribu», ver video:

https://www.facebook.com/2295445764046010/videos/238545088064355/

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