«Supuestamente a mi me compraron», afirma sanducera que sospecha haber sido comercializada desde una clínica clandestina

Rosalina Amarillo Peña cree, firmemente, ser «hija apropiada por Luis Amarillo y Blanca Peña» y cuando se le consulta sobre el origen de su afirmación enfatiza: «sé que no soy hija biológica de ellos». Rosalina cuestiona el contenido de su partida de nacimiento a la que califica como «llena de datos falsos en la que se sustituyó mi verdadera identidad» y agrega que llegó a esa familia como resultado de una «adopción ilegal, o sea una apropiación». Según ese documento nació el 1 de mayo de 1965 en el domicilio particular de quienes aparecen como sus padres en la ciudad de Paysandú, por aquel entonces la 12a. sección judicial, ahora 1era. sección.

La noticia de que sería una hija adoptada le llegó «de muy grande, cuando tenía 48 años» y desde entonces protagoniza una búsqueda intensísima en procura de reconstruir su identidad. Ese proceso, habitualmente, se torna desesperado y desesperante, muchas veces resulta frustrante, extremadamente doloroso, cuestionador, removedor. Esa compleja situación la llevó a presentar un cuadro de depresión bastante aguda que requiere un tratamiento con medicación permanente.

La conocida que habla sobre «lo de la adopción»

«Una vez una señora mayor, amiga de la familia que siempre iba a visitar a mi abuela, me lo dijo al pasar y me dejó con eso. Estábamos conversando en un chat y me dijo que seguramente para mí había sido difícil «lo de la adopción» y algunas cosas así. Me impactó tanto que lo que hice fue cerrar ese chat y salir a llorar desconsoladamente afuera de mi casa. Se ve que esa persona tenía la necesidad de hablar de eso, quería que yo supiera o pensaba que ya era consciente de la situación», recuerda con detalles y agrega que después de un tiempo prudencial, cuando tuvo la fortaleza para retomar esa charla, intentó contactarse con aquella mujer pero para entonces ya había fallecido.

«Me fueron a buscar a una clínica al lado del Sanatorio Modelo»

«Lo que me quedaba era encarar a una prima con la que tengo mucha confianza. Cuando le pregunté si soy adoptada me respondió: ¿quién te lo dijo?», respuesta en forma de pregunta que avaló la inquietud y despejó la duda. «Esa prima me contó que me fueron a buscar a una clínica al lado del Sanatorio Modelo y entonces empecé a averiguar. Me dicen que ahí funcionó una clínica clandestina cuya dueña era la famosa partera Segunda Morantes de Michelena, que también trabajó en el Hospital». Según los datos en poder de Rosalina «esa mujer era muy conocida en Paysandú y en la zona por las cosas que hacía» y, aparentemente, habría montado un negocio «de ventas de niños a parejas de alto poder adquisitivo». Agrega que no habría sido la única partera dedicada a esas acciones y asegura conocer «varios testimonios de personas que están en la misma situación que yo». Esa operativa habría sido regenteada «por un médico ginecólogo muy conocido que ya falleció». Sabe que esa partera «tiene más de 90 años y vive en Montevideo» y lamenta que tanto ella como su círculo más cercano hayan cortado toda posibilidad de diálogo. Cuenta que tiene «muy presente» cuando su madre la llevaba a la casa de esa partera, cuya dirección también recuerda, aunque no sabe cuál sería el objetivo de esas visitas, «sospecho que le llevaba dinero o algo de eso», apunta.

De acuerdo a la información obtenida, precisó que esas maniobras se habrían dado entre los años 1960 y 1970 siendo las víctimas «gente muy humilde, mujeres muy jóvenes, madres solteras, gente que venía del campo»; en general, personas que se podrían definir como en situación de vulnerabilidad y que tras el nacimiento de su hijo recibían argumentos que daban cuenta del supuesto fallecimiento de la criatura. «Hay testimonios de madres que van al parto y sienten que su bebé llora pero después le dicen que el niño murió pero no hay partida de defunción, no hay cuerpo del niño, no hay nada. Se que hay gente que convive con ese enorme dolor durante muchos años o durante la vida entera sin animarse a contar o denunciar nada», relata con lágrimas en sus ojos.

«Supuestamente a mi me compraron»

«Enseguida empecé a preguntar a todos mis primos, los que se criaron conmigo, y todos me decían lo mismo: que sí, que me habían adoptado pero que jamás se habló del tema», cuenta. Denuncia la existencia de «un pacto de silencio» que implica que conseguir el más mínimo de información resulte extremadamente difícil. Ese «pacto» no necesariamente habría surgido de un acuerdo explícito entre sus mayores y demás familiares sino que podría resultar de esa postura, bastante común, de preferir el silencio al conversar de asuntos que provocan incomodidad o molestia. La removedora novedad llegó a su vida hace seis años cuando aún vivía la señora a la que Rosalina sigue llamando «mamá» y ante quien insistió, en reiteradas ocasiones, en procura de información pero siempre encontró silencio o evasivas.

Consideró que «la gente mayor del barrio, los amigos de la familia» podrían ser una buena fuente informativa pero tristemente descubre que «quien no falleció está con alzheimer o dice no recordar nada».

Rosalina creer haber sido «negociada»; ese es uno de los datos que les resultan más claros y evidentes del proceso de reconstrucción de su historia.»Supuestamente a mí me compraron. Mi prima me cuenta que me fueron a buscar, mi madre y su madre, a esa clínica. Son recuerdos que mi prima, que es mayor que yo, tiene muy claros», destaca. Esa familiar que tiene muy presente aquella situación, de la que habla con certeza y precisión, asegura que nunca vio a su tía, la mamá de Rosalina, cursando un embarazo.

Rosalina desea reunir más información para recomponer su historia.

Su mamá sería una señora de Pueblo Beisso

Su búsqueda le permitió encontrar «supuestos hermanos que no sé si son por parte de madre o de padre» con la particularidad de que la mayoría de esas personas la han acogido como hermana con el consecuente trato fraternal que el vínculo implica. Esos hallazgos surgieron de apreciaciones o pistas que a priori se podrían considerar como poco relevantes. «Una señora que venía a mi almacén siempre me decía: «sos igualita a Cristina» y yo siempre le respondía lo mismo: «no tengo hermanos, soy hija única»». Precisamente, cuando surgió la duda sobre identidad, se acordó de la sistemática afirmación de su cliente y fue en busca «de esa tal Cristina que había sido vecina de esa señora y ahora vive en otro departamento». Al poco tiempo Rosalina se encontró con un ser «físicamente muy parecida a mí, pero muy parecida, y con miles de coincidencias en cuanto a la forma de ser». Así logró conocer a quienes define como «supuestos hermanos» y de ellos recibió algunos datos referidos a quien podría haber sido su progenitora.

«Aparentemente mi madre fue una señora que falleció hace varios años» y que habría vivido toda su vida en Pueblo Beisso. Según sus datos, esa señora «fue muy conocida, tuvo muchos hijos pero crió a muy pocos” en tanto «dio la mayoría». Los niños que permanecieron a su lado, hoy ya mujeres y hombres, nunca tuvieron conocimiento del destino de sus hermanos enajenados.

Rosalina no descarta que quien figura en los papeles como su padre sea, efectivamente, su progenitor. Mantiene esa sospecha en base a algunos datos; por ejemplo: «dicen que mi padre era muy sinvergüenza, era mujeriego. Se desempeñó como comisario en ese pueblo y no descarto que pudo tener un vínculo con esa señora y que de esa relación haya nacido yo. Algunos primos mayores que yo y gente del pueblo que escuchó mi historia me dice que sí, que puede haber sido así», aunque lamenta que por el momento no logre trascender del plano de la suposición.

La necesidad de reencontrarse

Rosalina integra diversos grupos en redes sociales que vinculan a personas con historias similares, entre ellos el que se denomina «Apropiados Uruguay» y que fue constituido en Facebook. Tanto por esa vía como del diálogo con conocidos o con gente que por los más variados motivos va llegando a su vida «voy juntando datos y a todos los tomo, no descarto nada», cuenta y pide encarecidamente la solidaridad de quien pueda tener alguna información que la ayude a clarificar su búsqueda, que la ayude a reencontrarse.

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